jueves, 27 de marzo de 2014

Welcome

As it could not be otherwise, my first contribution to this blog is about Matthias and Regina.
When we arrived at the airport we were nervous. But when we left the airport we saw a man who asked about IES CAMPANILLAS, as we saw him and Regina our nerves are almost disappeared because of they are the kind of people who transmit serenity and good cheer.
It is hard to find people like Matthias and Regina in this life. People who took us in as if we were mates from school without knowing or asking anything in return.
As Matthias would say: ‘Yo tengo dos manos, Yo tengo dos hijos’.




miércoles, 26 de marzo de 2014

Día 6 - Cajón de sastre


Mari se alimenta por los tres

Hoy voy a dedicarle estas palabras a alguien a la que quiero un montón. Probablemente todos la hayáis conocido y sabéis que se puede confiar en ella como me ha demostrado en el poco tiempo que llevo aquí, pero no puedo dejar pasar la ocasión ni dejar correr el paso de los días sin hacer este homenaje.

Como habréis adivinado, voy a hablaros de la cuchara. Gracias a ella nuestra vida ha ido a mucho mejor. No solo a la hora de usarla como nos ha enseñado hasta ahora el sistema, sino como una herramienta multiusos a la altura de una navaja suiza. Pues su versatilidad es increíble, no solo como cubierto o incluso un raro rascador de espalda, sino que tiene dos utilidades más de gran importancia:

  • Para abrir una botella de cerveza: simplemente ve girando tu cuchara a lo largo de la chapa, ejerciendo presión hacia arriba con un golpe seco por varios lados de esta, hasta que finalmente saltará. Cuidado con donde lo haces.

  • Para abrir una lata de tomate: más complicado que el anterior, sujeta con fuerza la cuchara en sí, olvidándote del mango, y ejecuta un movimiento pendular en uno de los bordes. Con paciencia y habilidad terminarás abriendo lo suficiente la lata como para hacer palanca con ella misma, utilizar un cuchillo o simplemente un abridor.

También he de recordar que si no tenéis tendedero, siempre podéis usar vuestras viejas sillas de plástico para tender la ropa. Eso sí, no ejerzáis una presión excesiva sobre la pinza o esta terminará estallando.

Hechos ya los bricoconsejos de hoy, recordad que si camináis por el bosque se han visto a varios extras de The Walking Dead a modo de zombies aterrando a los peatones. Pregunten por Mari.

Nada más damas y caballeros. Mañana ya no habrá huelga de transportes, así que tendremos que salir de nuestra morada. Tenemos miedo a que haya llegado el apocalipsis postnuclear mientras hemos estado recluidos aquí, pero tendremos que jugárnosla. No nos queda ya casi comida ni agua. 

Por último, sabemos que este pequeño apartado en Internet es nuestra ventana hacia todos vosotros, queridos lectores. Gracias a los que nos seguís cada día con más ilusión que la que podríamos llegar a pensar, vengáis desde Málaga, Francia, Estados Unidos o Malasia (basado en hechos reales).

Día 5 - Vacío existencial

Me acusará alguno de que esta entrada es muy corta. Puede que lo sea, pero es directamente proporcional a la variedad de cosas que nos han pasado. ¿Acaso quieres que te narre como hemos pasado la escoba, la aspiradora o hemos fregado el horno?

No quieras saberlo.

martes, 25 de marzo de 2014

Día 4 - Séptimo cielo


Un (dos) MacBook Pro para gobernalos a todos

Todo lo bueno se acaba y nuestras minivacaciones llegan a su fin. Unos damos nuestros pasos hacia la empresa que nos han asignado, mientras otra se pierde por la ciudad sin saber cómo llegar al curso de alemán.

Nuestra llegada se avecinaba pesarosa, con un oso alicaído observándonos desde la acera porque se le había derramado su vaso de helado. Las sillas giratorias a modo de banco de parque desde donde le mirábamos aligeraban nuestro abatimiento. El reloj de la estación no paraba de girar, acercándonos a nuestro destino. Ni siquiera percatarnos de la calle Blumenauer, en honor al gran Chiquito, pudo encender la chispa de la felicidad.

10:00 AM. Mientras Mari proseguía debatiéndose entre conocer su ubicación o declararse formalmente perdida en el quinto pino, el Dúo Calavera entraba en la cueva con cierta parte de su cuerpo en la garganta. Una brisa fría encogía el alma. Susurros desesperados se oían agonizando en los pisos superiores, o quizás eran pensamientos obscuros que desgarraban nuestra razón. Sea como fuere, el instante estaba por llegar.

Tras las nubes ominosas que ocultaban el lucero del alba, un rayo prístino y blanco cruzó frente a nosotros e inundó nuestro ser. Anja nos recibía con una sonrisa que le habría acelerado el corazón al mismísimo Raikkonen. Las presentaciones obligadas terminaron como debían ser: olvidando la mitad de los nombres a los pocos minutos, pese a que acabaríamos contando entre nuestros enseres con un listado de nuestros compañeros de oficina, junto a sus correspondientes nicks, algunos de un nivel de frikismo exacerbado, para poder desgranar las semillas de nuestras dudas por IRC.

El ámbar de los dioses estaba frente nuestra, adoptando la forma caprichosa de sendos MacBook Pro que nos obnubilaban y amortecían nuestros sentidos. El olor a nuevo impregnaba el ambiente y mientras degustábamos un más que merecido trago de agua con gas, el señor Dennis acicalaba a nuestras nuevas novias, maquillándolas con lo mejor de lo mejor.

Sin embargo, aun en lo más profundo de los cielos, queda lugar para la sombra. El salón con Wii, globos dispersados por los suelos, y otros elementos festivos, no eran sino una mentira enmascarada con la que someternos al tercer grado. Soporté las palizas, las amenazas y las vejaciones lo mejor que pude, pero cuando iban a hacerle daño a Jose Luis, no pude soportarlo más y canté. Ellos parecían contentos con lo que le habíamos dicho, yo temí haberles contado demasiado.

Drupal era nuestra bendición o nuestro castigo y debíamos ponernos las pilas en esa dirección. Teníamos nuestras recién estrenadas joyas de la corona con nosotros, además de dos días de duro trabajo desde el calor de nuestro hogar, mientras los vagos y maleantes transportistas pretendían luchar por sus derechos un martes y un miércoles, como si no hubiese mejores días.

La salida del paraíso era un arma de doble filo. Sin lugar a dudas habíamos sido protagonistas directos de un lugar mágico que podría enamorar hasta al más desdichado, por otro, en nuestros corazones cabía aún la duda de si no éramos más que pobres diablos que habían alcanzado las puertas del Cielo.

Pero el día aún no había acabado, y aunque en nuestra nueva caminata intentaban tendernos trampas con hipnotizantes circos que acababan de llegar a la ciudad, el verdadero miedo lo conocimos cuando la más letal de las visiones hizo acto de presencia. Liderados por el muñequito del Monopoly, con su sombrero de copa y su esmoquin característicos, la Banda del Segway, más de una decena, prorrumpieron por las calles llenándolas de violencia.

Pese a las vicisitudes a las que había tenido que hacer frente, nuestra pequeña compañera seguía con vida, aunque su fama y popularidad en el curso de alemán se había acrecentado notoriamente. No hubo tiempo para más, pues un aliado nuevo debía hacer aparición en este día. Llegada desde lo más profundo de Hannover, esto es, a una puerta de distancia del Paraíso, Maryam —una chica asentada durante un año por aquí y que había tenido la desgracia de conocernos— tuvo la gracia de acompañarnos en grandes gestas como la adquisición de tarjetas para móvil, abonos mensuales o pan casero con forma de corazón.

Las desgracias nunca han de venir solas, así que tememos que alguna esté por llegar, pues en lo más hondo de las grutas vaporizantes de nuestro apartamento, la bombilla que iluminaba la gran piscina estaba fundida. Nuestros pasos se volvieron hacia el pasillo claustrofóbico, llorando por una pérdida para lo que no estábamos preparados.

domingo, 23 de marzo de 2014

Día 3 - Nuestra ruta 66


¡Cuerpo a tierra, camarada!

El domingo es el día de descanso del Señor. Tampoco se puede decir que hasta ahora hayamos estado trabajando forzosamente hasta la extenuación, pero hay prácticas que se están perdiendo y debiéramos cuidarlas un poco. Ya no me meto en qué religión profese cada uno.

La mañana se ha alargado un poco, en un estado natural de meditación y observación, para reajustar nuestros chakras. Pronto habíamos tomado una decisión sobre cuáles debían ser nuestros pasos y allá en las horas de la tarde nos pusimos en marcha con un objetivo claro: encontrar la base de operaciones de nuestros compañeros de las Fuerzas (des)Armadas de Campanillas. Y digo bien que el camino fue peligroso y más de una vez pusimos nuestras vidas en peligro. Carriles para bicicletas cuyo ancho era superior al que el peatón podía disponer, extraños mecanismos para dar luz verde al paso de viandantes cruzando las calles, largos caminos alternativos mal llamados atajos y trombas de agua que caían de sopetón eran compañeros de viaje.

Sin embargo nuestra llegada se completó. Malnutridos, pálidos e insomnes, el resto de la compañía nos recibió en sus hogares, mostrándonos la decadencia del mundo occidental. Sus rostros transmitían la desdicha que debían estar sufriendo, lo que nos compadeció sobremanera. Intentando apaciguar sus ánimos, no dudamos en hacerles grata compañía, amenizando la velada con un juego de cartas donde cualquier parecido con una baraja normal era pura coincidencia. Ganadores o perdedores fueron lo de menos en aquel instante, porque en ese momento, por primera vez, pude ver en sus ojos reflejada la más pura felicidad.

De vuelta a casa, la senda tenebrosa del Bosque Maldito nos aguardaba. Habíamos visto demasiadas cosas aquel día, quizás un anticipo de lo que estaba por llegar. Esperábamos contar con fuerzas suficientes para entonces.

Día 2 - Manada de bandidos

La fuente de la eterna juventud

A los vagones del metro no les importa de dónde vengas. Da igual que lleves tres cervezas y te estés acabando la cuarta, o que vayas vestida como una novia recubierta de gominolas con la que pescar a imprudentes dispuestos a gastar un euro para sufragar su enlace. Las apariencias pueden cambiar en ese momento y aquel al que asegurarías ser el más formal y serio, acaba gritando lindezas a las mozas germanas.

La larga búsqueda ha llegado a buen término. Las comunicaciones eran prácticamente inexistentes, postergando nuestra desdicha a mensajes esporádicos mientras permanecíamos en nuestros refugios. Con suerte, de la violencia surgió la ilusión, y steam ofreció nuevas vías de contacto. La hora estaba ahora clara. El lugar, también. La noche nos alcanzaba, pero los paraguas nuevos que jamás habrían de ser usados, nos proporcionaban una seguridad que podíamos haber perdido cuando supimos que un limón costaba 50 céntimos.

Un invitado sorpresa nos aguardaba en nuestro destino. Acompañando al sr Pacheco se hallaba su escudero, un caballero hispanogermano que nos invitó a visitar sus dominios haciéndonos de guía. El paseo nocturno por el bulevar, junto a David, nos condujo a parajes donde el zumo de cebada era la bebida de descanso para los viajeros fatigados. Y aunque una hamburguesa digna de reyes nos saludaba fervientemente seduciéndonos con su aroma, el sino quería que fuese en un turco donde acabásemos degustando las delicias de su carne trinchada.

Una taberna recóndita y bulliciosa nos esperaba a continuación, pero el gentío actuaba en demasía, impidiéndonos socializar de forma natural. El viento giraba en nuestra dirección, no obstante, puesto que nuestras siempre amigas botellas del líquido ambarino llamado cerveza, eran compañeras de viaje allá por donde íbamos, sin necesidad de que las fuerzas de seguridad y orden del estado se interesasen lo más mínimo en ellas, viajando con libertad.

—Mañana será otro día, pequeños —aseguraba un confiado Jose Luis mientras guardaba los vasos de chupito. Puede que tuviese razón, pero era algo que una noche de sábado no estaba en posición de responderle.

viernes, 21 de marzo de 2014

Día 1 - Bienvenido a Alemania, mais non trop

Atento, que se pone verde

La noche cerrada nos cae encima. Salimos del hipermercado, pero ningún alma se cruza en nuestro camino. El bosque es lóbrego y acechan las sombras. El graznido de un cuervo nos devuelve a la realidad. Tenemos que subir seis pisos en un ascensor digno de una película de los años 30, aunque tenemos la vaga, pero firme esperanza, de que en unos días será renovado.

Mientras escribo esto la desesperación hace estragos entre nosotros. Lejos queda ya esa luminosa travesía a manos del buen hacer de don Torsten Temmeyer, todo un gentleman que ha acudido a nosotros en nuestra hora de necesidad. Ya llevamos la friolera cifra de diez horas perdidos en la inmensidad de Sajonia, sin saber dónde está el maíz, o por qué la lavadora alcanza un nuevo nivel cuando tienes que traducir su programa. Afortunadamente, una figura cuasi mesiánica responde a nuestra llamada: Herr Hornbacher —Artur para los creyentes—  un indómito y valiente casero, capaz de transmitir sus ideales a pesar de no tener pajolera idea de inglés. El traductor de google cobra, en este caso, una importancia capital. Pese a todo, su llegada a deshora acompañado por una olla, es como un canto de sirena enmedio de la tempestad.

Michael Knight nos anima en alemán desde el televisor, lo que reconduce la situación a averiguar si el atún de la pizza es verdadero atún. Recobramos fuerzas bebiendo agua con gas, un licor tan genuino e ingenioso capaz de no calmar la sed y producirte gases y serios dolores de barriga. Los recuerdos mientras permanecía en las dependencias policiales alemanas del aeropuerto, escasos minutos, pero de gran sufrimiento, son como otro golpe tenaz en las tripas. Siempre nos quedarán las amables señoras chinas que median en las discusiones sobre si una tarjeta de débito es lo suficientemente buena para Lidl.

Con todo esto, la única solución viable pasa por el alcoholismo. Esperemos que el Jägermeister pueda templar los ánimos.

No perdemos la esperanza. Todavía nos queda la piscina.